Al realizar
una planeación de la clase de historia y verificar el tiempo que se tiene para
esta materia, he caído en varias ocasiones en recurrir a charlas o lecturas de
diversas fuentes para exponer el tema y que los alumnos realicen cuadros sinópticos,
tablas, mapas conceptuales y cuestionarios. Sin embargo no basta con estas estrategias,
solo por querer ahorrar tiempo o que nos falte para impartir dicha materia; se
debe modificar la enseñanza que precisamente nuestros maestros nos impartieron
en nuestra niñez.
Comprender el método situación-problema
que se impartió a lo largo de esta sesión dejo claro ver que no es suficiente
lo que uno imparte en las aulas de clase ya que consiste en dar un giro: dejar
lo tradicionalista para abrir camino al pensamiento complejo, crítico y científico.
El rol como maestro es más una guía,
para que nuestros alumnos indaguen en los hechos y acontecimientos históricos,
creen sus hipótesis, reflexionen, analicen conceptos, se documenten e
investiguen sobre los temas a tratar, confronten sus puntos de vista y
opiniones, alentar el espíritu crítico y la confianza, que construya colectivamente
los saberes y realice sus conclusiones tanto individual como grupal.
En
lo que a mí concierne esto es necesario: tener disposición al cambio así como
deseo de modificar e innovar nuestra forma de enseñanza, crear ambientes de aprendizaje
y tener una formación continua.
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